De cómo el apartamento de Magallanes se convirtió en Mi Casa
27 02 2008Mi Casa se llama apartamento (vulgarmente). Yo, cuando me enfado, trato de mostrar mi superioridad intelectual llamándole cosas como ‘caja de cerillas’, ‘caja de zapatos’, ‘caja de cereales’…, y así, un sinfín de cajas de cosas. Pero eso se acabó. Mi Casa (desde ayer) es un apartamento genial, que voy descubriendo poco a poco a pesar de sus reducidas dimensiones.
Lo siento, Mi Casa, en este momento ya no pretendo mostrar menosprecio, pero es que tus dimensiones son reducidas. Como lo eran las mías hasta los 25 años.
Cuando entré en el apartamento de Magallanes -es que así solía referirme a Mi Casa antes de que se convirtiera ayer en Mi Casa, es decir, el apartamento de Magallanes- mis retinas se llenaron de objetos horripilantes, tales como jarrones regalados por alguna persona que odiaba a mi casera, flores secas para las que mi vista no estaba preparada, cuadros de flores, manteles y colchas de flores, flores y más flores… Y un cuadro enorme (que ahora descansa debajo de mi cama) de la batalla de Trafalgar. Las alfombras le hacen compañía, junto al cabecero de la cama, que no escondí hasta hace cosa de dos semanas y que a mí se me antojaba como el fondo de escenario idóneo para calzarle la mortaja a un muerto.
Ayer, una extraña energía contagió a mi cuerpo de una excitación desconocida a las nueve de la tarde de un martes. Por una vez, aproveché la ocasión para hacer algo productivo en el apartamento de Magallanes (lo que ahora es Mi Casa): quité las cortinas. O, quizá, las arranqué.
De esa forma tan sencilla descubrí un nuevo apartamento de Magallanes. (Re)Conocí a Mi Casa. Era luminosa y bonita (a pesar de ser de noche y estar bajadas las persianas). Era simpática e inofensiva, y no tenía nada que ver con ningún sudario ni, según creo, con ninguna persona muerta.
Libre de flores, de jarrones, de cuadros hirientes, de cortinas y alfombras con el alma cubierta de polvo, la casa tiene una personalidad distinta. Debe de ser que se va pareciendo un poquito más a mí, y bastante menos a mi casera.
Ahora sólo nos queda un asunto pendiente: deshacermos de las lámparas.
Holaaaaa!
Me gusta mucho como escribes….te lei en el blog del indomable, y la curiosidad me ha traido hasta aqui.
La redacción de tus entradas es genial. Me gusta.
Enhorabuena!!!
Muchas gracias¡
La historia es que en tu casa no tienes un cuadro pintado por mí para colgar. Es decir un ‘Mateo’. Te voy a pintar uno y de paso dejo ya de colgar en mi casa que mi mujer me va a hechar porque ya no se ven las paredes. Congratulations Sane, es bueno saber que podemos volver a leerte. En argentino… cuidáte mucho!!!
Gracias Matt… La verdad es que no me vendría mal un cuadro Mateo¡ Te tomo la palabra, eh? Un besito…
Bienvenida de nuevo. Estoy encantanda de que vuelvas a formar parte de mi lectura diaria. Miles de besos. Te llamo para retomar nuestras citas…
A ver si es cierto, Pequeña Flor, y te engancho para una de esas perniciosas salidas nocturnas… Un besazo, linda¡