“Nos amaremos después de la muerte”

29 04 2008

Por las mañanas, casi siempre, cuando me deja el trabajo y la transparencia mental, me desayuno despacio las páginas de El País, ese periódico que no me quedó otra que calificar -en un proyecto de fin de carrera que se mereció un diez mondo y lirondo- como “referencia dominante” (que tomé prestado de un libro de José Ortega Spottorno, así que no me las voy a dar de creadora de grandes sentencias, que a lo sumo creadora de chanzas diversas).

Lo que tienen los periódicos que no me gusta por las mañanas es que, cada día, te encogen el corazón y el estómago (a la par) con titulares como “He visto la carne de mis hijos mezclada con los hierros”, que es el que me ha dejado el sabor espeso del café y el tabaco atragantado en la faringe hace unas horas.

Pero luego están las grandes historias; épicas, dería yo. Historias que me hacen pensar en nada y en todo al mismo tiempo, que me cuestionan a mí misma como individuo y me obligan a crecer a nivel humano por poco interés que le ponga al asunto. En este caso me he entregado a la historia, porque el texto así lo merecía.

Joaquín Estefanía firma hoy un reportaje titulado “Nos amaremos después de la muerte”, en el que se narra la historia de amor entre André Gorz y su mujer, Dorine. André Gorz fue un pensador perteneciente a una corriente denominada ‘ecologismo político’. Periodista para comer y filósofo para vivir. Pasó 58 años junto a Dorine, una etapa que finalizó por mutuo acuerdo, cuando decidieron suicidarse debido a que ella no podía soportar por más tiempo el sufrimiento que le provocaba una enfermedad degenerativa para la que no existía la marcha atrás.

Meses antes de llevar a la práctica este último paso en común, André Gorz escribió una carta, en forma de libro, a Dorine; en la misma reflejaba un amor en mayúsculas, que no conocía de los desconchones de fachada que provoca el paso del tiempo. De tanto tiempo.

“Acabas de cumplir 82 años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de 45 kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 que vivimos juntos y te amo más que nunca”.

De esta forma -que ya lo dice todo- comienza Gorz su declaración, una reivindicación de su amor en la que reconoce que “no quiero asistir a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas”. Una despedida anunciada en la que se atreve André a presagiar lo que viene después; en la que protesta porque su historia de banda sonora se acabe para siempre. Y lo hace con un “a menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos”.

A mí me gustaría que existiesen las segundas vidas sólo para que ellos dos vuelvan a disfrutarse otros 58 años. O más. Porque seguro que se reconocerían antes y se amarían antes aún. Quién sabe. Tal vez pueda ser.

“Me pregunté qué era lo accidental a lo que debía renunciar para concentrarme en lo esencial”.

El libro de André Gorz se titula ‘Carta a D.’.


Acciones

Información

2 respuestas

29 04 2008
Carmen Piki

Ay Dios Mío!!! Uf!!!!!

29 04 2008
la alambrada

PikiPiki se ha quedado sin palabras….

Deja un comentario