En Casablanca, Marruecos, hay una mezquita que es la segunda más grande del mundo, sólo detrás de La Meca. Se llama Hassan II. La verdad es que este año he visto más mezquitas que iglesias católicas, apostólicas y romanas; Estambul y El Cairo me regalaron unas cuantas para emplear bien mis sentidos. En la Gran Mezquita de Aswan me llamó la atención un musulmán que controlaba la actitud de los turistas mientras los suyos rezaban, debido a que -centrada en el empeño de obtener una buena fotografía- se escapó parte de mi anatomía por los límites que no controlan ni el lino ni el algodón. El musulmán en cuestión me llamó la atención por exhibicionista de barrigas rechonchas. A mí me llamó la atención que me acompañara de nuevo a la calesa, y que por el camino, sin el más mínimo pudor, sacara a pasear sus dedos hasta mi tripa. Un roce suave por el que me cagué en su puta madre en la lengua vernácula, no por el hecho de que me tocara, que en fin, sino por el cinismo manifiesto de esa cultura.
En Casablanca esperan, impacientes, la Antigua Medina -rodeada de murallas que esconden calles estrechas repletas de puestos callejeros, donde no compraré nada- y La Corniche, un paseo marítimo construido por los franceses. El Barrio de Habous es otro punto de interés en la ruta hacia el Café de Rick, así como Mohammedia y sus playas de arena fina.
Estoy convencida de que, tan sólo por aterrizar, al golpe de calor que sacudirá mi frente y convertirá las imágenes en centelleantes puntitos de todos los colores despedidos en mil direcciones, le seguirá un olor familiar que me llevará de nuevo a las aguas del Nilo y del Bósforo. Por supuesto, no faltará la marea de manos agarrándome de cada uno de mis costados, ni los tirones de pelo o las miradas de reprobación por la escasez de tela empleada en mis vestidos. Tampoco los intercambios por camellos, los pantoja, guapa, las propuestas de matrimonio cada cinco pasos ni las miradas de complicidad con las mujeres que se esconden de sus hombres tras veladas tentaciones.
No voy a ser original. La banda sonora de este viaje se la dejo a Max Steiner.
*En la foto de arriba, mi amigo Pedro y yo en Santa Sofía (Estambul).
Como me gustó Estambul… yo quiero volver!!!!
Aunque estoy abierta a viajar a cualquier sitio… creo que Jordania por ejemplo estaría bien… xDDD
Sane… Felicidades!!!!!
Muacks
Igual cara guapa. Al final llegué a los 30, a pesar de que reconozco que hoy no tengo cuerpo para celebraciones… Jejeje¡ Claro, como algunas cumplen 24 y no ochocientos…. Más besos y besos y besos…
welcome to the 30´s jungle!
Muchas graciasssss¡¡¡¡¡
felicidades! sorry
vaya perra que estoy hecha
love you